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Ganaderas y ganaderos comprometidos

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Ganaderas y ganaderos comprometidos

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  • Escrito por: Emma Aixalà
  • Periodista, comunicadora, caminante curiosa, enamorada de las personas y de mi pequeño país

  • Fecha: 07/03/2023
  • Etiquetas:

Marta Carola lidera la lucha para salvar la vaca de la Albera de su desaparición.

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Maria Geli i Pilar Planagumà.

Tiene una mirada noble, transparente, silenciosa y discreta. Una mirada iluminada por la sierra en la que vive comprometida con una especie en peligro de extinción: la vaca de la Albera. Marta Carola nació en Barcelona, es bióloga y en su historial académico encontramos un doctorado y un posdoctorado. Durante un tiempo se dedicó a la investigación, pero se retiró para dedicarse de lleno a la vida rural en estas montañas repartidas entre el Alt Empordà y la Cataluña del Norte. Las tierras de Baussitges, en el pequeño municipio de Espolla, se convirtieron en el centro de su mundo. No le eran extrañas del todo, porque tenía raíces familiares y porque con su hermano había emprendido un pequeño negocio de embutidos. Luego le echaría una mano con los olivos, con la reconversión hacia la agricultura ecológica, con el mantenimiento de los campos y con la vaca de la Albera, de la que, hoy en día, es la cara visible.

No se cansa de explicar que es una raza autóctona que no se ha mezclado con ninguna otra, una vaca rústica, fuerte, resistente, espabilada y ágil. Si tiene que saltar, salta, porque es más pequeña que las vacas que solemos ver por los prados. Incluso se alimenta de manera diferente, más parecido a como lo hacen los herbívoros salvajes: come hierba, pero también ramas, brotes, rebrotes y frutos silvestres. Está muy adaptada a la montaña y, por eso, la califica de desbrozadora nata, y esta característica la convierte en una herramienta muy eficaz en la lucha contra los incendios forestales. De ahí su función ecológica y protectora del territorio. Su desaparición, dice, supondría una gran pérdida de información y empequeñecería la diversidad natural.

 

Ni agua ni pastos

La comunidad de vacas de Baussitges ronda actualmente los 500 ejemplares, con un macho por cada 25 hembras. En primavera y verano coronan las cimas, y al final del otoño bajan hasta los límites de la finca, lo que significa que necesitan agua y pastos para completar su alimentación. El agua es un recurso natural cada vez más escaso y se les acaba llevando expresamente. Además, la finca tiene pocos pastos: 20 hectáreas, cuando lo ideal para abastecer a todo el ganado serían 200. No es un tema menor, porque cada año las terneras crían y solo los terneros machos se destinan al consumo de carne; por tanto, el grupo va creciendo, aumenta el riesgo de sobreexplotar la tierra y de romper el delicado equilibrio natural. Todo esto lo dice sin perder la sonrisa, a Marta Carola no le abandona ni cuando pronuncia las palabras futuro o ruina. Es imprescindible obtener recursos económicos para recuperar prados y terrazas ahora impracticables, así como encontrar personas que se animen a aprovechar las posibilidades forestales y alimentarias de este animal.

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Maria Geli i Pilar Planagumà.

El papel divulgador de la asociación

Carola y sus colaboradores crearon hace unos años la Asociación Baussitges de Amigos de la Vaca de la Albera, una entidad sin ánimo de lucro que vela por la conservación, la expansión, la mejora genética y la promoción de esta especie. También realizan un trabajo ingente de divulgación. De hecho, es básica. Solo así se despierta interés, surgen alianzas y compromisos y se abre el camino hacia los gremios de la restauración, la carnicería y el pequeño consumidor. Así de simple y complicada es la combinación de Marta Carola que evitará la desaparición de una vaca que, en estos momentos, en algún rincón de la Albera, pasta ajena al mundanal ruido.

 

 

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