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Tradición y producto

Una cocina arraigada en el producto local, en el mar y la montaña

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Tradición y producto

Una cocina arraigada en el producto local, en el mar y la montaña

Fotógrafo Sara Guerrero. Arxiu d'imatges PTCBG.

Solo recorriendo las calas y los puertos de la Costa Brava, los caminos entre viñedos y los centenarios olivos argudell del Empordà, la tierra volcánica de Garrotxa y los valles y las altas montañas de los Pirineos se puede comprender por qué Girona es un destino enogastronómico único. Descubrir su cocina es en sí mismo un buen motivo para emprender un viaje por estas tierras.

La gamba roja de Palamós, Roses y Blanes, la cigala de Llançà, la langosta del cabo de Creus, la anchoa de L’Escala, las espardeñas… son puro mar en el paladar. También lo son los erizos de mar, un producto especialmente único, protagonista de la Garoinada de Palafrugell, una fiesta gastronómica imprescindible del invierno en la Costa Brava.

En las recomendaciones de la casa no faltan algunos platos insignia de nuestra cocina, como el suquet de pescadores, los arroces de Pals a la cazuela y algunas recetas emblemáticas de mar y montaña, como el pollo con cigalas, la sepia con albóndigas o los calamares rellenos. Todas las recetas maridan a la perfección con alguna de las garnachas y cariñenas blancas, rojas y tintas de la DO Empordà.

Desde esta fusión de mar y montaña, pasamos a adentrarnos en los aromas del bosque y los sabores potentes de la cocina volcánica y montañesa de los Pirineos. En cualquier mesa encontrarás una buena rebanada de pa amb tomàquet con un buen surtido de quesos y embutidos del lugar. También dicen mucho de estas tierras montañesas la butifarra artesana, la carne de potro o ternera, las judías de Santa Pau y el clásico trinxat de la Cerdanya.

Para terminar este viaje gastronómico, no te lo pienses, debes probar nuestro dulce más celebrado: el xuixo de Girona.

Solo recorriendo las calas y los puertos de la Costa Brava, los caminos entre viñedos y los centenarios olivos argudell del Empordà, la tierra volcánica de Garrotxa y los valles y las altas montañas de los Pirineos se puede comprender por qué Girona es un destino enogastronómico único. Descubrir su cocina es en sí mismo un buen motivo para emprender un viaje por estas tierras.

La gamba roja de Palamós, Roses y Blanes, la cigala de Llançà, la langosta del cabo de Creus, la anchoa de L’Escala, las espardeñas… son puro mar en el paladar. También lo son los erizos de mar, un producto especialmente único, protagonista de la Garoinada de Palafrugell, una fiesta gastronómica imprescindible del invierno en la Costa Brava.

En las recomendaciones de la casa no faltan algunos platos insignia de nuestra cocina, como el suquet de pescadores, los arroces de Pals a la cazuela y algunas recetas emblemáticas de mar y montaña, como el pollo con cigalas, la sepia con albóndigas o los calamares rellenos. Todas las recetas maridan a la perfección con alguna de las garnachas y cariñenas blancas, rojas y tintas de la DO Empordà.

Desde esta fusión de mar y montaña, pasamos a adentrarnos en los aromas del bosque y los sabores potentes de la cocina volcánica y montañesa de los Pirineos. En cualquier mesa encontrarás una buena rebanada de pa amb tomàquet con un buen surtido de quesos y embutidos del lugar. También dicen mucho de estas tierras montañesas la butifarra artesana, la carne de potro o ternera, las judías de Santa Pau y el clásico trinxat de la Cerdanya.

Para terminar este viaje gastronómico, no te lo pienses, debes probar nuestro dulce más celebrado: el xuixo de Girona.

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