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Faros de la Costa Brava que debéis visitar

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Faros de la Costa Brava que debéis visitar

En la Costa Brava hay una serie de faros que debéis conocer. Estos edificios suelen estar rodeados de una mística muy particular, en ocasiones gracias a que han sido escenario de la grabación de bastantes películas y series, pero sobre todo porque suelen encontrarse en parajes apartados y solitarios de una gran belleza natural.

Os animamos a descubrir algunos de estos faros y a disfrutar de las impresionantes vistas que encontraréis a lo largo del camino para llegar o en el mismo lugar donde fueron construidos.

Faro de Cala Nans de Cadaqués

Os proponemos que la visita al Faro de Cala Nans de Cadaqués la hagáis completando una ruta que os permitirá conocer paisajes maravillosos, disfrutar de vistas privilegiadas de la bahía de Cadaqués y podréis tomar notas de las calas que vayáis visitando, de cara a la época de baño, que ya está a la vuelta de la esquina. Se trata de un recorrido apto para toda la familia que comienza en el centro de Cadaqués y transcurre por el camino de ronda. Desde la playa Central debéis enfilar hacia el sur, hacia Port d’Alguer, hasta la cala Llané Gran y Llané Petit, donde veraneaba la familia de Dalí y donde se encuentra el Hotel Es Llané Petit. De allí, debéis seguir hasta Sa Conca y después del tramo asfaltado hay que subir por el camino de Cala Nans. La segunda parte del camino es de arena y está señalizado. El siguiente parón, si es que no os habéis parado antes, es en Sa Sabolla, una cala virgen desde donde podréis admirar los islotes que se conocen como Es Cucurucuc. También podréis divisar la silueta del faro que se levanta sobre los acantilados del Puig de Simonets y debajo, Cala Nans, con un pequeño embarcadero. El faro, un edificio de una estructura muy sencilla, fue inaugurado el 1 de septiembre de 1864 y está incluido en el inventario del Patrimonio Arquitectónico de Cataluña. Es automático desde 1960, tiene un gran ángulo de cobertura y ayuda tanto a la navegación que pasa siguiendo la costa como la que entra y sale de Cadaqués. El de Cala Nans es el único faro del país que no tiene una carretera para llegar, lo que hace que los tres últimos kilómetros de camino que llega desde Cadaqués sea uno de los tramos más bonitos de la costa catalana.

Faro de Sant Sebastià de Llafranc

Josep Pla escribía, a propósito de la ermita de Sant Sebastià de la Guarda y el faro de Llafranc: “En la ermita, mientras se apaga la tarde, hay una quietud, una paz, una soledad asombrosas. El viento perdido es como la vaga música de la ermita. Cuando el faro se enciende, hay un instante de deslumbramiento que enseguida se convierte en un rodar indiferente. La luz difusa da a los cristales una calidad de tejido viscoso, de ojos de pulpo. El mar, que los rayos de luz aclaran, se arrastra remoto y dormido, como un misterio inasequible. En la lejanía de la tierra, las lucecitas de Palafrugell arden como microscópicas luciérnagas con una pereza que parece evitar su apagado definitivo.” Como el faro anterior, el de Sant Sebastià estaba incluido en el Plan de Alumbrado de Costas y Puertos del Estado, en 1847, y debía ser el más importante de Cataluña, el único de primer orden, mientras que el de Cala Nans era de sexto orden. Se inauguró en 1857 y fue el mayor de los faros construidos en el siglo XIX. Su altura sobre el mar y una potencia de 3.000W permiten que el haz de luz se vea a 58 millas (más de 100 kilómetros). Podéis complementar la visita al faro con las visitas al poblado ibérico adyacente, que data de los siglos VI a I a.C., a una torre de vigilancia del siglo XV y a una ermita y hospedería del siglo XVIII.

Faro del cabo de Tossa de Mar

El Faro del cabo de Tossa de Mar es un caso remarcable, debido a que fue inaugurado en 1919 y, curiosamente, se convirtió en un edificio icónico entre los habitantes del pueblo, ya que desde finales de la década de 1920 hasta inicios de la de 1970, los niños que hacían la primera comunión y algunos parroquianos que se casaban visitaban el faro, como si fuera un santuario de peregrinaje, donde se acostumbraban a tomar las fotografías conmemorativas de la señalada fecha. En la construcción del faro, situado en el punto más alto del cabo de Tossa, sobre un acantilado, se aprovecharon los escombros de una pequeña torre medieval, que sirvió de molino de viento en el siglo XVIII. Esta práctica, de hecho, era bastante habitual, ya que la costa estaba sembrada de torres de vigilancia y otras construcciones de vigilancia. En 1901 la mayoría de los pescadores locales reclamaron al gobierno la instalación del faro, en un escrito en el que se explicaba que “el temporal horroroso que se desencadenó hace pocos días en esta costa mediterránea y que tantas víctimas causó entre nuestros compañeros de oficio, ha puesto de manifiesto la necesidad imperiosa de que, con la mayor urgencia, se instale el faro proyectado en el cabo de Tossa…”. La reclamación se atendió 18 años después. En 1999 desapareció la plaza de farero, el faro funciona de forma automática y la torre se ha convertido en un espacio expositivo gestionado por el Ayuntamiento que muestra al visitante el mundo de los faros como elemento activo del patrimonio marítimo catalán.

Faro del cabo de Creus

El faro del cabo de Creus es el que está situado más al este de la Península Ibérica. Su ubicación responde a la lógica geográfica, ya que está construido sobre los cimientos de una torre de señales romana que también realizó las funciones, en la Baja Edad Media, de torre de vigilancia. Posteriormente, con el incremento de peligro por parte de los piratas turcos, se determinó reconstruir la torre y el Consell de Cent de Barcelona aportó 200 libras. El faro, de una altura de 87 metros, está situado en la punta de la Esquena, a unos 400 metros del mar y a una altura de 75 metros sobre el nivel del mar. El edificio corona un acantilado negro con una orografía escarpada y complicada que se precipita sobre el mar formando diversas calas agrestes y de cara a la isla de s’Encalladora. El paraje es azotado violentamente por la tramontana y los temporales y el faro es punto de referencia de una de las zonas más duras de navegar de la costa catalana. El aspecto del entorno es casi lunar, ya que la acción conjunta del viento y el mar han esculpido en la roca una serie de formas de una belleza extraña que han inspirado a un gran número de artistas, de entre los que el más destacado fue, sin duda, Salvador Dalí. Contribuye a formar la leyenda del faro y el cabo el hecho de que por el lado norte, Cala Culip siempre ha recogido restos de naufragios provenientes del resto del golfo de León. Durante muchos años estuvo absolutamente aislado, el material para su construcción llegó todo por mar y no llegó una carretera al lugar hasta el año 1968. Cada fin de año se celebra el Aplec del Sol Ixent con una sesión de sardanas y una chocolatada para dar la bienvenida a los primeros rayos de sol del año. Se trata de una fiesta muy recomendable. A unos metros se encuentra el Restaurante del Cabo de Creus, que dispone de un número reducido de habitaciones. Las vistas son espectaculares.

Faro de Punta s’Arenella

En el camino de ronda entre Port de la Selva y Llançà se encuentra el faro de Punta s’Arenella, que tiene como precedente, como en otros casos, una de las torres de vigilancia habituales en la costa catalana ante el peligro de los ataques de piratas y de sarracenos, así como los caminos de ronda, formando una red absolutamente necesaria para la defensa. Se construyó por una iniciativa de 1891 liderada por la Sociedad de Salvamento de Náufragos de Girona, pero no fue hasta 1902 que el Plan de Reforma del Alumbrado incluyó la conveniencia de la construcción del faro, que se levantó en un paraje batido por la tramontana, en 1913. En julio de 1937, durante la Guerra Civil, se instalaron dos baterías al lado y, posteriormente, se habilitaron barracones militares que estuvieron operativos durante unos veinte años. Su estructura arquitectónica, formada por una casa y una torre cuadrada con cúpula, sirvió de modelo para otros faros construidos a principios del siglo XX, en un segundo programa de mejora del sistema de faros de la costa española. El edificio original inspiró la futura construcción del faro de Tossa, construido dos años después. Durante la Segunda Guerra Mundial los temporales arrastraban minas a los pies del faro que, o bien eran desarmadas en la mayoría de ocasiones, o bien estallaban sin consecuencias remarcables. La plaza de farero de Punta s’Arenella desapareció en 1999.

Bibliografía: Els fars de Catalunya. De nord a sud per la costa (2010). Col·lecció: Guies turístiques de Catalunya. Generalitat de Catalunya. Departament d’Innovació, Universitats i Empresa.

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